Una agenda internacional nueva y sorprendente
Para sorpresa de muchos los coletazos de la crisis financiera última ya no dominan el ambiente internacional, salvo tal vez el caso de la UE con sus nuevos acuerdos de reglas ahora de nivel constitucional sobre los déficits fiscales posibles y su derivada un sistema de sanciones[1] , las volatilidades de los tipos de cambio siempre presentes y las preocupaciones sobre el precio del petróleo.
La agenda ha dado un vuelco espectacular al incorporar el análisis de dos grandes nuevos hechos que opacan e impactan a los demás ya tradicionales:
- Las catástrofes naturales tales como terremotos y maremotos ya algo más frecuentes ( Chile , Nueva Zelanda ; Japón) y que afectan con violencia a la infraestructura humana y física de las ciudades y poblaciones costeras como más recientemente a la producción de energia y , en particular a la nuclear, en esos y otros lugares del mundo desarrollado que han apostado casi sin otras alternativas a esa fuente de energía ( EEUU, Alemania , Francia , Japón , China y Rusia[2]).
- La insurrección de la población civil en varios países del mundo árabe productor de petróleo que parece contestar y alterar el orden político imperante, él que contaba en general con el apoyo de las grandes potencias mundiales[3], junto a los temores de extensión hacia otros países árabes[4]. Y cuyo curso no resulta muy previsible.
La gran pregunta es cómo administrarán estas crisis las potencias dominantes.
En el caso de los desastres naturales cabe esperar un mayor desarrollo de la solidaridad y cooperación mundial para sostener los procesos de reinversión en la infraestructura física como, al mismo tiempo, la adopcción de mayores medidas de prevención y seguridad[5]. No obstante, el proceso de evaluación necesita de un cierto tiempo para permitir acumular el conocimiento preciso de los peligros de la energía nuclear en las costas pobladas ante más que los terremotos los maremotos como, también, los riesgos de volver a poblar esos lugares. Sin lugar a dudas, observaremos una fuerte lucha entre los grupos de intereses contrapuestos en materia de energías tradicionales y alternativas como de aquellas corrientes de opinión que privilegian un nuevo orden medio ambiental. Empero, es indispensable preguntarse como sería el mundo desarrollado sin esas fuentes de energía y la respuesta es que sería políticamente inmanejable (caída del PIB, desocupación, efervescencia social). Más allá del desastre el pueblo japonés nos ha entregado un mensaje notable: su comportamiento grupal en pos del bien común[6]; y los medios de comunicación otra vez nos muestran que no suelen distinguir entre lo definitivo y aquello que parece provisional. Lee más »
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